Narcotráfico: causas y consecuencias

El día 19 de septiembre, se presentó la Dra. Adriana Rossi[1] para disertar sobre Narcotráfico en el marco del X Encuentro de Joven Argentina 2011. Durante el transcurso de la presentación se trató no sólo los alcances de este tremendo fenómeno, sino que luego se abrió un debate en el que los participantes pudieron preguntar y opinar sobre lo presentado.

A continuación se realizará un breve racconto de los conceptos que se abordaron a lo largo de la disertación:

El narcotráfico es una industria ilegal mundial que consiste en el cultivo, elaboración, distribución y venta de drogas ilegales. La existencia de un consumo sostenido en el tiempo sumado a la prohibición del consumo de estas sustancias, se erigen como los causantes principales del narcotráfico. La naturaleza del narcotráfico es una empresa capitalista transnacional.

Existen ciertas sustancias que constituyen la unión entre los individuos de una determinada comunidad o nación, y son ellos mismos los que hacen del consumo de estas sustancias una costumbre en un determinado momento del tiempo. En el momento en que se rompe el control de este consumo, se entra en crisis. Esto significa que no sólo comienzan a abrirse puertas a otras sustancias que no son parte de la cultura de ese país, sino que también empieza a gestarse una cultura de abuso de sustancias. Por ejemplo, la hoja de coca formó parte de la cosmovisión andina como marco de pauta cultural entre los habitantes. Cuando los conquistadores entraron a territorio andino, llevaron la hoja de coca a España y como no fue de su agrado al momento de consumirla, la consideraron una “hierba del diablo”. Esto claramente significó una condena a la hoja de coca -que para los andinos constituía un elemento claramente sagrado- y decidieron los españoles liquidar las plantaciones de coca para acabar con aquella cultura, con aquella nación.

El narcotráfico se desarrolla por causas jurídicas, económicas, por el contexto socio-económico precario o por políticas públicas deficitarias, inexistentes o precarias. Para muchas personas, el narcotráfico se constituye como la actividad más lucrativa de todas ya que es una de las pocas áreas que deja ganancias millonarias en la mayoría de los casos. El negocio del narcotráfico es de tal magnitud, que en sus mejores momentos llegó a superar ampliamente al negocio de las armas.

Por otro lado, el contexto socio-económico precario es utilizado para lograr superávits comerciales y, junto con las políticas públicas que, muchas veces destinadas a cambiar una realidad social por otra mejor, repercuten en forma negativa en los barrios más carenciados, ayudan a que los narcotraficantes y la actividad de comercialización de drogas se asiente en estos barrios. ¿Cuál es la cuestión detrás de establecerse en los barrios marginales? Son los más carenciados quienes les dan estructura, base y sostenibilidad en el tiempo al desarrollo de esta actividad ilegal a cambio de la satisfacción sus necesidades mínimas que reciben por parte de los narcos. Esta ligazón y sentimiento de pertenencia a la sociedad es, escandalosamente, el recurso que los narcos utilizan para dar vida a su actividad.

La violencia y la legitimación son los elementos de mayor peso de este mercado ilegal. La legitimación no sólo es social en cuanto al concepto de pertenencia expuesto anteriormente, sino que también es político. La legitimación política está en estrecha relación con el poder político que adopta una posición de carácter dual frente al narcotráfico: por un lado le declara la guerra y, por el otro, son los mismos políticos los que están directamente involucrados.

La dimensión del narcotráfico es mundial. Su historia comienza en América Latina, más precisamente en la región andina, y luego llegó a expandirse por todo América. Hoy en día, todos los países cumplen uno o varios roles dentro de la actividad narcotraficante.

Para realizar una breve trayectoria sobre la historia del narcotráfico, debemos remontarnos a los años ’50 en los Estados Unidos de América. Por aquella época, el consumo de drogas estaba asociado con la delincuencia y marginalismo y era consumido por inmigrantes de Centro y Latinoamérica y negros. Con el transcurso de los años, el uso de drogas se generalizó e hizo masivo. El espectro de consumo se amplió, y chicos y adolescentes se incorporaron a los grandes grupos consumidores. Fue en estos años ’60 que las drogas empiezan a trascender como protesta, como rebelión política. La situación coyuntural en los Estados Unidos –la guerra de Vietnam y el fenómeno cultural del laissez-faire hippie- iba fuertemente correlacionada en forma positiva con el consumo de sustancias ilegales. Aquí es cuando el problema de narcotráfico se convierte en un problema de salud y orden público y de relaciones internacionales; donde los residentes de países enemigos son quienes ingresan las drogas que consumen los jóvenes –quienes son el futuro del país-. Lo expuesto con anterioridad marca un punto de inflexión en la historia estadounidense contra el narcotráfico ya que pasa a convertirse en un problema de carácter geopolítico. Es en 1970, con Nixon a la cabeza de la presidencia, que se inicia la guerra contra las drogas para acabar con la amenaza a la seguridad nacional.

Hoy en día, son Colombia, México, Perú, Venezuela, República Dominicana, Guatemala, Jamaica, Ecuador, Bolivia, algunos países de Medio Oriente y africanos, entre otros, los más conocidos relacionados con la producción masiva y organizada o tráfico de estas sustancias.

En Colombia, por ejemplo, los cárteles se subdividieron en lo que ellos llaman “cartelitos” que son especies de PyMEs que se especializan en las diferentes áreas a las que tiene acceso el narcotráfico. Estas entidades generan redes que se arman y desarman según la conveniencia. Dentro de Colombia, las FARC es la organización que más relación tiene con los narcos, al ser ellos quienes financian estas tropas guerrilleras.

En muchos países de Latinoamérica, el narcotráfico se ha ofrecido a pagar parte de la deuda externa de los países a cambio de dejar de ser perseguidos por el Estado. Y, según los rumores, fue el narcotráfico el responsable de evitar la quiebra de muchos bancos estadounidenses durante la crisis de las .com en el 2008.

Por otra parte, África, continente que antes se mostraba totalmente ajeno a esta actividad, es ahora la zona de mayor tránsito de la cocaína a raíz de la falta de controles, políticas públicas, desorden económico, político y social, etc.

La industria ilegal del narcotráfico tiene en contra al orden internacional, la sociedad y Estados del mundo, sin embargo es una fuerza que con el transcurso del tiempo va cobrando mayor cantidad de poder y su expansión, desarrollo y alcance no parece detenerse. Sumado a esto último, las decisiones políticas son tomadas sobre realidades completamente desconocidas porque no se conoce qué es el narcotráfico, dónde se genera, quién lo genera y para qué se hace: si para lucrar o sobrevivir.

Evidentemente, la injerencia estatal no ha ayudado en gran cuantía hasta el momento. Debe tenerse en cuenta que el número de funcionarios públicos relacionados con el narcotráfico va a creces junto con los gastos públicos destinados a combatir al narcotráfico. Entonces, ¿por qué no despenalizar consumo y tenencia de estas sustancias?

Importantes figuras políticas a lo largo de Latinoamérica han sido ligadas con personalidades y dineros relacionados con el tráfico de drogas. Tal vez aquí yace la razón por la cual la guerra contra las drogas se intensifica año con año. Los grandes narcotraficantes son los que más se benefician con la actual prohibición, y los operativos anti-drogas que se practican en Latinoamérica sirven para eliminarles la competencia que enfrentan por parte de los pequeños y medianos distribuidores. La despenalización acabaría con esta nefasta alianza del narcotráfico y el poder político.

En adición, pondría fin a la parte exageradamente lucrativa del negocio del narcotráfico, al traer a la superficie el mercado negro existente. Con la desaparición de la clandestinidad del narcotráfico, disminuye drásticamente la problemática social ligada a dicha actividad. La prohibición de las drogas no detiene al mercado, simplemente lo sumerge en la ilegalidad.

Desaparecerían las guerrillas financiadas por el narcotráfico, quienes manejan miles de millones de dólares en equipos militares de primera línea, y amenazan con extender su lucha a países como Panamá, Brasil y Venezuela.

Como último punto, se reduciría en gran cuantía el precio de las drogas al acabar con los altísimos costos de producción e intermediación que implica la prohibición. Se generaría un esquema de desincentivos para los narcotraficantes, quienes reducirían la cantidad y precio de las sustancias comercializadas en forma contundente.


[1] Es Doctora en Filosofía y Profesora de posgrado del la UNR. Ha dictado clases en distintas universidades latinoamericanas y europeas. Fue Secretaria Ejecutiva de la Red Latinoamericana de Reducción de Daños (RELARD). Es investigadora y especialista en la temática política y social del narcotráfico, nuevas amenazas y doctrinas militares. Ha desarrollado trabajos en distintos países de América Latina, entre ellos Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, Uruguay y Brasil como integrante de organismos nacionales, gubernamentales e internacionales. Es autora de libros, ensayos y artículos, los cuales han sido traducidos al italiano, inglés y portugués y alemán. Ha sido ganadora de premios nacionales e internacionales por sus escritos y por su trayectoria en el campo de la defensa de la paz.

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